El pastor abre su disponibilidad una sola vez. Aparece enseguida en la página de la iglesia en la Comunidad y en su página pública, la que se encuentra con un buscador. La persona elige su momento, la solicitud llega a la agenda.

Las franjas, las dos superficies públicas de reserva, los estados y las tres respuestas existen tal cual. Las personas y las fechas son ejemplos.
Alguien espera ser recibido. No debería haber enviado tres mensajes para conseguir una hora.
Una petición de entrevista empieza siempre igual: un mensaje el martes, una respuesta el jueves, una contrapropuesta el sábado. Tras once mensajes, la persona renuncia o el pastor anota una cita en un cuaderno que nadie más ve.
La mayoría de las herramientas de reserva le dan un enlace para compartir. Luego hay que acordarse de actualizarlo, volver a pegarlo en la página, reenviarlo a quien lo perdió. Aquí la disponibilidad no es un enlace: es un estado de su agenda, y todas sus páginas lo leen.
El verdadero riesgo, una vez recibida la solicitud, es que quede sin respuesta: se lee un domingo entre dos cosas, uno se dice que responderá por la noche, y desaparece bajo las siguientes.
Una agenda pastoral no es una agenda comercial. La diferencia son tres negativas.
Una franja, una duración, y está en línea por ambos lados en un minuto. La próxima persona que quiera hablarle no tendrá que preguntar cuándo está libre.