Un concierto, un congreso de tres días, una función de Navidad repetida tres veces. Sus participantes eligen su plaza, reciben su entrada, y el día del evento la fila avanza, incluso cuando la red falla.
Elija una plaza. La entrada que sigue llevará la suya.
Aquí no se simula ningún pago: le contamos lo que ocurre, no imitamos una pantalla de tarjeta en una página pública.
La mayoría de las plataformas cuentan. Esta sabe dónde se sienta cada uno, cuántas veces se representa la obra y en qué moneda cobra su iglesia.
Es el momento en que se juzga una herramienta. No en una demostración, sino en un sótano con trescientas personas.
Vende una entrada y se detiene. Nosotros conocemos sus salas, su programa y su contabilidad.
Preferimos que lo sepa antes de suscribirse y no un sábado por la noche.
Créelo, dibuje la sala si asigna plazas, abra las inscripciones. El resto viene solo.