Aquí tiene el mismo editor, pero sobre el membrete de su iglesia, con sus plantillas, su firma y su sello. Y algo que Word nunca hará: un QR que demuestra que el documento es auténtico.

| Dato | Valor |
|---|---|
| Miembro desde | Marzo 2019 |
| Estado | Miembro activo |
Las herramientas mostradas son las del editor, en su orden real. La iglesia, la persona y las fechas son ejemplos.
Un certificado firmado a mano no prueba nada. Un QR al pie de la página, sí.
Un certificado se escribe en Word, sobre una plantilla que alguien hizo hace tres años, con un logotipo pegado torcido. Hay que volver a escribir el nombre, comprobar la dirección, buscar la fórmula. Y la suscripción se paga todos los meses, para eso.
Un documento de iglesia acaba a veces en manos de un empleador, una escuela, un banco o un servicio de inmigración. Y quien lo recibe no tiene forma de saber si es real: un logotipo se copia, una firma se escanea, un sello se imita. El procesador de textos no puede resolverlo, porque es precisamente la herramienta que sirve para fabricarlo.
Una vez listo el documento empieza la segunda tarea: exportarlo, buscar la dirección de la persona, escribir el correo, adjuntar el archivo. Y seis meses después nadie sabe si se envió, ni cuántas veces.
No pretendemos sustituir toda una suite ofimática. Para los documentos de una iglesia, en cambio, la cuestión no se plantea.
Ajuste su membrete una vez, elija una plantilla, designe al miembro. El documento sale con su QR, y cualquiera podrá comprobar que viene de usted.