Sus equipos escanean un QR al empezar la reunión: la lista se llena en directo, con la hora. El informe de la semana se abre ya relleno, y quien falta tres veces seguidas se le señala cuando aún hay tiempo de llamarle.
La rotación de 45 segundos, el escaneo sin cuenta, la visualización limitada al nombre y la inicial y el informe prerrellenado existen tal cual. Las personas y las horas son ejemplos.
La hoja circula durante la reunión, dos personas olvidan firmar, una tercera firma por su vecino, y el domingo por la noche el secretario lo reconstruye todo de memoria. Las cifras que llegan al pastor son, en el mejor de los casos, aproximadas.
Así se pierde a la gente: no de golpe, sino por ausencias sucesivas que nadie relaciona. Tres semanas después alguien pregunta « ¿ya no le vemos? », y ya está lejos. El seguimiento de asistencia no sirve de nada si no provoca una llamada.
Cada semana hay que volver a escribir las asistencias, las cifras y el acta. Es esa tarea la que hace abandonar todas las herramientas de seguimiento a los dos meses, no la falta de funciones.
Una herramienta de asistencia toca algo sensible. Mejor decir enseguida dónde se detiene la nuestra.
Cree un departamento, lance un registro, deje escanear al equipo. Al final de la reunión, el informe de la semana ya estará escrito.