Un código de seis cifras en la pizarra, y toda la sala juega desde su teléfono. Sin crear cuenta. Y con cada respuesta aparecen la referencia bíblica y su explicación: no es un juego que entretiene, es una enseñanza que queda.

Se juega para ganar. Se recuerda porque se jugó.
Una sala de cincuenta personas no se registra. Teclea un código, elige un apodo y juega. Es la única manera de que un juego arranque en menos de un minuto un domingo por la mañana.
Un juego de cultura general se detiene en el marcador. Aquí, en cuanto cae el tiempo, el versículo y su explicación aparecen en la pantalla grande mientras todos siguen mirando. Es el único momento en que la atención es total.
Los temas oficiales sirven para empezar. Lo que hace volver es que la iglesia escriba los suyos: sobre el pasaje predicado, sobre la historia de la congregación, sobre el catecismo del trimestre.
Una página de producto que solo dice cosas buenas es una página que nadie cree. Este es el límite exacto.
Comparten las mismas personas y los mismos permisos: lo que se registra en uno lo leen los demás, sin volver a escribirlo.
Ver los veinticinco módulosEscriba diez preguntas sobre el pasaje del domingo, abra una partida y vea a la sala buscar el versículo junta.