Una tienda de libros digitales sabe vender un archivo. No sabe nada de la mesa a la entrada de su iglesia, donde alguien viene a buscar su ejemplar impreso.

Un fondo se construye durante años. Se pierde en una mudanza.
Entre el pago en línea y el libro que se tiene en la mano hay un hueco que las tiendas digitales dejan abierto. Un código lo cierra.
Los recursos de una asamblea no se parecen: una enseñanza se lee, un canto se toca, una prédica se escucha. Cada uno tiene su forma.
Cobrar por un recurso en una asamblea es un asunto delicado, y no nos toca decidirlo. El módulo no empuja a nada.
Una lista corta vale más que una promesa amplia. Aquí están las dos, sin redondear.
Abra una cuenta, publique un primer recurso gratuito, y añada la oferta en papel el día que la necesite.