Emitir en directo en una red social es un evento: empieza, termina, y entretanto no pasa nada. Una antena, en cambio, emite. Sus listas suenan toda la semana, y el micrófono del domingo simplemente las releva.

Las tres fuentes, la regla de una sola fuente en antena, la pausa y la reanudación automáticas de la parrilla, y el bloqueo del micrófono con su mensaje existen tal cual. Los títulos y las horas son ejemplos.
El directo dura una hora. La emisora no se detiene el resto de la semana.
El domingo a las once, todos están. El martes por la noche, quien ya no puede desplazarse no tiene nada que escuchar, ni tampoco quien vive a seis mil kilómetros. Un directo semanal no llena una semana.
Es el accidente clásico de toda emisión: la lista sigue sonando cuando se abre el micrófono, y las dos salen juntas. Uno se entera por el mensaje de un oyente, diez minutos después.
La mitad de la audiencia de un directo se pierde antes de llegar: el enlace está en un mensaje de hace tres semanas, el vídeo pide una cuenta, la aplicación quiere instalarse. Cada obstáculo cuesta oyentes que ya habían hecho el esfuerzo de buscar.
La emisión de audio es un terreno donde se promete más de lo que se cumple. Esta es la línea.
Suba tres grabaciones, haga una lista, colóquela en dos franjas. El domingo, tome el micrófono: la parrilla se apartará sola.