Registra quién, cuánto y por qué. Salen al mismo instante el asiento por partida doble, el balance, la cuenta de resultados y el documento que la persona espera. Sin conocer ni un número de cuenta.
Los números de cuenta son los del plan contable belga (PCMN), tal y como el producto los aplica realmente. Los importes son ejemplos.
Cada año, la misma escena: el contable pide un balance y un libro mayor, y el tesorero abre una hoja de cálculo con importes, fechas y nada que se parezca a una contabilidad. Hay que reconstruirlo todo de memoria. Aquí no hay nada que reconstruir: cada registro ya ha producido su asiento.
Una hoja de cálculo de cuotas sobrevive tres meses. Después ya nadie sabe quién está al día, quién ha pagado por adelantado ni qué hay que reclamar. Y reclamar a alguien que ya ha pagado sale más caro que no reclamar nada.
Es lo que paraliza a un voluntario: el miedo a la cifra errónea que ya no se podrá corregir. La mayoría de los programas solo ofrecen dos salidas, retocar en silencio o anularlo todo. La primera arruina el valor del libro, la segunda lo vuelve ilegible. Nosotros separamos los dos errores, porque no tienen nada que ver.
Un software de contabilidad que lo promete todo se paga con la confianza perdida en la primera inspección. Esta es la línea, escrita de antemano.
El primer registro lleva un minuto, y ya produce su asiento. Sin configuración contable que hacer: el plan de su país está puesto desde la creación de la iglesia.